La Economía Informal: Un país paralelo con agresivas reglas propias.

Cuando iniciamos la universidad en nuestras tiernas edades de estudiantes, en mi caso particular, en la Universidad del Zulia, en la escuela de Economía, una profesora, la que nos recibió, y hoy es buena amiga, nos dijo dos cosas que para mí fueron determinantes, definieron en gran parte el camino que tomaría como Profesional de las Ciencias Económicas y Sociales. Ella nos dijo básicamente esto:

  1. Los Economistas debemos dar respuestas al cómo satisfacer necesidades virtualmente ilimitadas, con recursos escasos.
  2. Si a ustedes les causa malestar el hecho de entender el cómo y el por qué las personas trabajan, consumen e invierten, deben revisarse, tal vez esta carrera no sea para ustedes.

Con escasos 17 años, recién entrando en un salón tres veces más grande que el dejé en el liceo, y aún temeroso del cómo afrontar el reto universitario, escuchar algo así te tiene que poner a pensar o definitivamente esa carrera no es para ti.

Mi conclusión en ese momento, de inmediato fue: “Esto tiene que ver con las personas y no con los números…” como me habían dicho tanto antes de entrar a la universidad. Entender el porqué de las persona, y con ello por supuesto el cómo.

Al avanzar en la carrera, estudiar a los grandes padres pensadores de la Economía, era sin duda un agasajo para aquel que se enamora todos los días de aquello que le acompañará el resto de su vida. Así fue como Adam Smith en su obra “Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones” (1776) me mostró una de sus más grandes reflexiones sobre aspectos económicos: “Es el interés propio el que dirige todos los aspectos del comportamiento y la actividad humana”. Según Smith, esto es lo que hace que se impulse la división del trabajo y la acumulación de capital, originando a su vez un incremento en la productividad.

Ahora, no estudiaste Economía sino leíste por horas a John Maynard Keynes (1883-1946), en especial su obra “Teoría general del empleo, el interés y el dinero” (1936). Aquí su planteamiento con relación al estímulo de la demanda agregada (consumo + inversión) enfocándose especialmente en la inversión, desafiando algunas ideas pragmáticas, Keynes defendía la ejecución a corto plazo bajo el argumento de que: “a largo plazo todos estaremos muertos”.

Y por supuesto, no podemos dejar de lado a Milton Friedman (1912-2006) padre de la corriente monetarista e impulsor del neoliberalismo. Sus ideas influenciaron a los países de todo el mundo sobre el papel del dinero en la economía. De hecho, a partir de la década de 1970, el neoliberalismo llegó gracias a él. Friedman negaba que una economía laissez-faire y la industria privada estén sujeta a tendencias graves de inestabilidad.

Ante lo anterior, es válida la interrogante: ¿Acaso te convertiste en otro Economista de los que sólo hablan de teorías? Pues no, tranquilos. Este recuento fue para dejar claro que mucho de lo que tenemos y hacemos hoy ya fue pensado hace muchas décadas atrás, sólo que ha evolucionado al igual que evoluciona la forma de relación social en cada contexto. Como científico siempre debo buscar bases teóricas referenciales que me permitan explicar los fenómenos en estudio hoy, para poder generar nuevos esquemas que rijan la modernidad de nuestras economías.

Así que, eso fue lo que hice, estudiar, basado en el principio elemental de la observación, salí a estudiar uno de los fenómenos económicos más crecientes en nuestro país en las últimas 3 décadas: La Economía Informal.

¿Qué es la Economía Informal? Toda transacción que implique oferta y demanda de bienes y servicios que no está sujeta a normas mínimas, a organizaciones medibles, que no pagan impuestos, no general fuentes de empleos estables, que son sensibles a convertirse en medios para la legitimación de capitales y que funcionan de forma muy agresiva a través de la especulación, la coerción  e inclusive la intimidación.

Así que, decidí recorrer una de las zonas más icónicas por su componente histórico y acervo cultural: El Centro de la Ciudad de Maracaibo, no es la primera vez que lo hago, sólo que ahora visité, sitios específicos objeto de estudio. Los alrededores de la Avenida Libertador, muy cerca de la antañona Plaza Baralt, a pocos metros del Centro de Arte Lía Bermúdez, antiguo mercado municipal, específicamente el CC PLAZA LAGO y el Unicentro “LAS PULGAS”, sitios tan Maracaiberos como la mandoca, la gaita o la chinita. Un laboratorio en vivo para todo aquel que quiere estudiar la actividad comercial en su más elemental estado desde nuestra cultura y además con influencia fronteriza.

Decidí recorrer estos espacios, vestido de forma ligera, franela y jeans para pasar desapercibido, un cliente más que recorre el centro de la ciudad buscando mercancías a buen precio. Pero pasar desapercibido no fue posible, de inmediato fui observado por varios sujetos de mirada esquiva, con gorras que cubrían mucho de sus rostros, mientras fumaban un cigarro, sentados en bancos de plástico ofreciendo cambio de dólares, oro y pesos colombianos. Supongo que ellos saben quiénes son los clientes habituales de esos espacios.

Comencé a preguntar en varios comercios por precios de confitería, ropa y calzado, el CC PLAZA LAGO tenía muchos locales abiertos con puntos de ventas y máquinas fiscales, empresas formales funcionando alrededor de tal caos de informalidad. Algunos de estos pequeños locales tenían hasta 5 puntos de venta bancarios, “algunos son alquilados” mencionó la persona que me atendió, ¿Para qué tantos puntos? El único cliente era yo, y en los 5 minutos que estuve allí, no entraron al local más de 2 personas. Seguí con el recorrido y me acerqué a un sujeto con una gran maleta, le dije: “Necesito efectivo jefe, dónde y a cuánto”, me respondió: “Aquí mismo es, al 180%, billetes grandes y nuevos…” Me froté la barbilla, hacía que pensaba en su propuesta, le dije: “dame chance” y me retiré.

Seguí caminando, en un costado de las escaleras del CC, rodeada totalmente de buhoneros, con estructuras metálicas oxidadas y pequeños techos de zinc casi a punto de caer, vi un muchacho, 20 años tal vez, tatuando a una chica, a su alrededor personas fumando, perros y gatos entre los implementos, y agua estancada no muy lejos de “la clínica de tatuaje”. Sin embargo, el muchacho usaba guantes, supongo estaba preocupado por la higiene y la salud de su clienta.

Seguí caminando, vi calzado deportivo, imitaciones de muy buena calidad, casi me engañan, pregunté el precio, te ofrecen tres opciones: 1 precio con punto de venta, otro precio con efectivo billetes de 50 y 100 Bs. Y otro precio con efectivo billetes nuevos. La diferencia entre el precio con punto de venta y efectivo con billetes nuevos era aproximado entre un 50 y 65%, impensable tal cosa según las teorías “normales” de la Economía.

Me detuve un momento a observar un grupo de personas aglomeradas en un local, todos querían comprar, allí vendían confitería y artículos de limpieza, pregunté a una señora que lucía molesta por no poder acercarse lo suficiente, me dijo: “compro aquí barato y le gano el triple si me voy a venderlo en Maicao”, por el tipo de cambio favorable a Colombia, nuestros productos son muy económicos, y muchos siguen siendo de muy buena calidad, pese a la crisis, los chocolates de manteca de cacao y leche y las bebidas gaseosas son muy bien recibidas en el vecino país, entre muchos otros productos.

Seguí caminando y vi que un sujeto me seguía, se detenía justo donde yo lo hacía y apenas lograba disimular, por esa razón no pude sacar mi teléfono celular para documentar con imágenes y videos esa interesante dinámica, no había duda que los que “mandan” allí, ya sabían que yo era ajeno a ese mundo. Me retiré de allí y caminé bajo el intenso sol de Maracaibo algunos metros de la avenida libertador, me topé con varias montañas de basura, me detuve frente a un vendedor ambulante de Papelón con Limón y le comenté: “que basurero…” Él me respondió: “y el nuevo alcalde y que iba a resolver, y mire como está esto, por ahí me dijeron que quieren y que cobrar más impuestos a los puestos de los centros comerciales, puro pa´robal, todos son iguales…” Asentí levemente con la cabeza ante su afirmación y seguí mi camino.

Ya en camino a mi casa, recordé esas dos cosas que me dijo la profesora el primer día de clases y la conclusión a la que llegué a partir de allí: “Esto tiene que ver con las personas y no con los números…” Vi en escasas 2 horas de recorrido como existe un país informal dentro de otro que busca hacer las cosas de manera ordenada, vi a personas con maletas con dinero en efectivo cuando hay muchos trabajadores que no pueden llegar a sus trabajos por no tener 10 mil Bs en efectivo, vi “casas de cambio” en un pequeño bolso adherido al cuerpo de hombres que, su sola presencia, despertaban alarmas de peligro, vi mercancía entrando y saliendo cual black friday en medio de la peor crisis económica que ha vivido el país en años.

Entendí, que estos padres pensadores de la economía nos dieron insumos para poder entender un poco de estas realidades, pero sólo es posible entenderlas al 100% cuando las enfrentas, las trabajas y comprendes el daño que esta informalidad agresiva es capaz de generar, pues no hay ningún control aparente que las detenga, o que por lo menos canalice toda esa maquinaría logística hacia un bien común sin distingo alguno. ¿Será que son invisibles ante la ley? O ¿acaso la ley para ellos no aplica igual que para el que cumple? Estoy seguro que muchos de estos locales que se encontraban facturando, cumplen con las normativas, leyes e impuestos, pero ¿Cuál es el peso en beneficio para el país de 70% de informalidad y 30% formalidad?

Ahora estoy más claro que nunca que el país está dividido en varios países, unos dentro de otros. Entendí que unos padecen con la crisis y otros se benefician de ella, aun cuando eso implique dañar a otras personas. Los empresarios formales que generan puestos de trabajo y pagan impuestos son atacados al punto de lograr su desaparición. Mientras aquel que vive de la informalidad y transacciones ilícitas, tiene libre tránsito y maniobra en el sistema sin impedimento alguno.

Mientras el gobierno siga estableciendo políticas que básicamente destruyen la libre empresa y la propiedad privada, y mientras haya personas que se “beneficien” de tal destrucción, pensar en recuperación económica es bastante difícil.

Difícil sí, imposible no. Por eso nosotros debemos hacer la diferencia. Por más pequeña que creas es tu contribución, es muy necesaria. Educa, trabaja, se solidario y resiste. Pon toda tu voluntad en no sucumbir ante la ideología de mediocridad que se intenta establecer como cultura de país.

Ahora más que nunca estoy convencido de que podemos.

Leonardo Soto.

+58 414 6083529

Lsoto@EconLeonardoSoto.com

@LeonardoJSotoG

By | 2018-01-10T21:29:39+00:00 10 enero, 2018|Artículos|Sin comentarios